Acerca del origen chamarrita
En su cuento “La culpa
es de Berrondo”, Ramón Luís Torres hace rememorar al
personaje relator ciertas “noches de verbena” en “La Perlita”, en que por ahí se
armaban peloteras, como cuando el cabezón Díaz- no sé si vos estabas- se
engranó porque Berrondo dijo: “qué quieren con la
chamarrita, esa música brasilera”; y el cabezón explico que lo regional o el
rescate de anónimas canciones, el murmullo de los arroyos y otras larailas que le decía a Berrondo,
mirándolo fijamente con esos ojos tan juntos. Y el otro aprovechó para dar la
conferencia del ejército reunido en Concordia para la guerra del Paraguay,
guerra imperialista de paso- afirmó- y ahí los soldados de tres países
estuvieron tres meses entre colosales bailes y sus correspondientes bochinches
y así, m i amigo, quedó la chamarrita en el norte de la provincia, pero es
música de macacos, mi viejo. Fue cuando el cabezón Díaz se calentó y tuvimos
que sacarlo a la vereda.
Aparte de la certera comicidad y la posible condición de literatura de clave de este pasaje (eso del “cabezón Díaz” defensor de la chamarrita, decimos), fiel representación la de Torres, de esas sinrazones populares que se discuten sobre si tal cosa es tuya o mía, en las que de un lado siempre hay un ingenuo lleno de fanatismo comarcano y del otro un desmitificador tan limitado como su oponente. Disputas que, sin resolverse, terminan como ésta, en violencia, simplemente porque, como diría Platón: “no puede dirimirse en el terreno de la “doxa”- la mera opinión- sino el de la “episteme” o ciencia.
¿Y qué nos dice la ciencia (en estos casos la antropología cultural) de los bienes folklóricos?
Nos dice que en esencia son universales, que no hay tradición, por local que parezca, que no entronque de algún modo con otra de otro sitio y otro tiempo, y así sucesivamente, eslabonando la cadena hasta el fondo de los tiempos. Que después de larga sedimentación en un sitio, una especie folklórica- en este caso un baile- adquiera indiscutible fisonomía nacional o regional, ya es harina de otro costal (y perdónesenos la rima; es que la expresión viene tan al caso...)
Pero vayamos concretamente a la cuestión de la chamarrita y veamos:
Qué no dice
Lauro Ayestarán
El mayor musicólogo uruguayo- ya desaparecido- afirma: Con respecto a las especies, América ofrece un mapa folklórico que no coincide en nada con el mapa político. La razón es muy sencilla: la creación de ese folklore es casi siempre anterior al establecimiento de fronteras que ocurre en la primera mitad del siglo XIX (...) En nuestro continente, las eternas preguntas sobre si tal canción o danza son privativas de un país u otro, no tiene mayor sentido. Dos o más países pueden reclamarlas para sí con igual derecho siempre que en su ámbito se hallen convertidas en una expresión colectiva y tradicional. Esto es lo importante, y lo curioso es que el derecho de una no vulnera al vecino.
Habla luego de un “país folklórico” que comparte el repertorio de canciones y danzas, integrados por los departamentos uruguayos norteños, el estado de Río Grande do Sul, en Brasil, y una sección de la provincia argentina de Corrientes. En ese territorio- en el que no incluye a Entre Ríos- sitúa el área de dispersión de “la Chimarrita, llamada también China-Rita, Chamarrita o Simarrita”
Carlos Vega
la halló en Entre Ríos
El mayor musicólogo argentino, a quien debemos un verdadero monumento en el terreno de la investigación de nuestras danzas, no llegó a publicar un estudio específico sobre la chamarrita entre sus numerosos trabajos, pero según Fernando Assunçao, entre los copiosos apuntes que a su muerte quedaron en el archivo del Instituto de Musicología de Buenos Aires, se hallaron testimonios de sus búsquedas sobre este tema: “El maestro Carlos Vega recogió varias chamarritas en Entre Ríos...”, dice Assunçao, y de esos documentos cita esta copla:
La chamarrita me dijo
que la llevara pa’l
bajo
le dije a la chamarrita
que te lleve quien te trajo.
Y luego agrega un testimonio oral: “Vega siempre afirmó no haber recogido otra información sino que la chamarrita se bailaba enlazada, como la polca”.
Pormenorizado estudio de Fernando Assunçao
El folleto arriba citado de este conocido investigador uruguayo es ya un verdadero estudio orgánico sobre la chamarrita. Lamentablemente, La Chamarrita y el Caranguiyo, de Assunçao, tuvo una difusión muy limitada, ya que fue conocido en nuestro medio a través de una edición especial de la Dirección de Cultura de Entre Ríos (1970), pero fuera de comercio e impresa en Uruguay.
En este trabajo, Assunçao determina el origen de la chamarrita, su área de dispersión, y la caracteriza por su música, el contenido de sus coplas y sus variantes coreográficas. Un escueto resumen de ese texto nos proporciona los siguientes datos:
En las islas Azores pervive aun el baile tradicional llamado Chamarrita, de parejas sueltas y/o tomadas, interdependientes, cuyo canto se caracteriza por personificar a la chamarrita como una mujer de vida poco recomendable, y consiste en coplas picarescas sobre esa mujer o en coplas de desafío entre los bailarines de sexo opuesto (equivalentes a nuestras “relaciones”). Ese baile, ya existente en el siglo XVIII, llegó por entonces a América traído por familias azorianas que colonizaron el estado brasileño de Río Grande do Sul, donde se lo llamó “Chimarrita”. De allí se extendió a Uruguay y Entre Ríos, donde fue llamado, respectivamente, “Simarrita” y “Chamarrita”. Conjeturalmente, en los primeros tiempos habría conservado aquí algunas figuras de conjunto de la original chamarrita azoriana, hasta convertirse en el baile de pareja suelta del que hablan los testimonios, similares a la polca.
“La chamarrita azoriana, la chamarrita riograndense, la simarrita uruguaya y la chamarrita entrerriana tienen un origen común; son en sus principios, una misma cosa”, concluye Assunçao.
Su vida en
nuestra provincia
Lo cierto es que en nuestro folklore (o en nuestra “proyección folklórica”, como se prefiera), la chamarrita ha cristalizado con su ritmo binario- generalmente 2/4- con los “característicos puntillos tipo milonga con la cual”- según Ayestarán- “se halla evidentemente emparentada”, con un estilo muy propio del rasgueo cuando se la interpreta en guitarra, y con la perduración del tema de sus letras centrado en la personificación de una mujer. Pero además, el contenido de sus coplas se ha ido “regionalizando” y enriqueciendo a medida que los llamados poetas cultos han incursionado en este terreno, incluyendo otras temáticas que dan cabida al paisaje, las costumbres y personajes locales, el lenguaje de nuestra provincia, etc. Cuando se habla de Entre Ríos es imposible dejar de mencionar, por ejemplo, las bellas composiciones de Linares Cardozo, cuya merecida popularidad ha sido punta de lanza en la difusión del cancionero entrerriano por el resto del país.
Extraído de “El Diario”
Martes
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