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Carta de un hijo a todos los padres del mundo

 

*  No me dés todo lo que te pida. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo tomar.

*  No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

*  No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

*  Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio dámelo; pero también si es castigo.

*  No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y sí me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.

*  No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer; decídete y mantén esa decisión.

* Déjame valerme por mí mismo. Si tu haces todo por mí, yo nunca podré aprender.

* No digas mentiras delante de mí ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

* Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga por qué lo hice.  A veces ni yo mismo lo sé.

* Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

* Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos; ya que porque seamos familia eso no quiere decir que no podamos ser amigos también.

* No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

* Cuando te cuente un problema mío no me digas "No tengo tiempo para tonterías" o "eso no tiene importancia".

* Trata de comprenderme y ayudarme.

* Y quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no lo creas necesario decírmelo.

* Abrázame, necesito sentirte mi amigo, mi compañero a toda hora.

 

 

  25 maneras de amar a un niño  

 

Préstele atención.

Búsquelo.

Escúchelo.

Juegue con él.

Sea espontáneo.

Tómelo de las manos.

Haláguelo más, critíquelo menos.

Maravíllese de sus logros.

Agradézcale.

Sea flexible.

Confíe en él.

Mírelo a los ojos.

Comparta su entusiasmo.

Anímelo.

Espere lo mejor de él, mas no la perfección.

Sea consistente.

Esté a su disposición.

Disciplínelo en su momento.

Aprecie sus diferencias.

Conteste sus preguntas.

Crea en él.

Pida su opinión.

Escuche su música.

Pídale disculpas cuando usted se equivoca.

¡¡Ámelo a pesar de todo!!!

 

 

ANTES DE QUE ELLOS CREZCAN

 

Hay un periodo cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos.

Es que los niños crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes.

Crecen sin pedir permiso a la vida.

Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.

Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente.

Un día se sientan cerca de ti en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad

que sientes que no puedes más ponerle pañales.

Donde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestitas de cumpleaños

con payasos y los juguetes preferidos?...

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él

o ella no solo crezca,  sino aparezca.

Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos.

Allá están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas,

con el uniforme de su generación, e incómodas mochilas de moda en los hombros.

Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos.

Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes, de los vientos, de las cosechas, de las noticias, y observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos.

Principalmente con los errores que esperamos que no repitan.

Hay un periodo en que los padres van quedando un poco huérfanos de los propios hijos...

Ya no los buscaremos más de las puertas de las discotecas y de las fiestas.

Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, natación y el karate.

Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer, para oír su alma

respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia..

Y a los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías,

posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos, no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas, no les compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles.

Ellos crecieron, sin que agotásemos con ellos todo nuestro afecto.

Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas,

congestionamiento, navidades, pascuas, piscinas y amigos...

Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana , los pedidos

de chicles y reclamos sin fin.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó

 a ser un esfuerzo, un sufrimiento, pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros amoríos.

Los padres quedaban exiliados de los hijos. "Tenían la soledad que siempre desearon", pero de repente, morían de nostalgia de aquellas "pestes".  

Llega el momento en que solo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y

rezando mucho (en ese tiempo, si nos habíamos olvidado, recordamos cómo rezar)

para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la conquisten del modo más completo posible. 

El secreto es esperar... En cualquier momento nos pueden dar nietos.

El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos, y que no puede morir con nosotros.

Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño.

Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.

Así somos, solo aprendemos a ser hijos después que somos padres, solo aprendemos a ser padres después que somos abuelos... 

 

  Anónimo.

 

 

 

 

EL DESTINO DE LOS HIJOS

 

Y una mujer que llevaba  un niño contra su pecho le preguntó a un maestro: Háblanos de los hijos. Y el respondió: Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas de los  anhelos que la vida tiene de sí misma. Vienen a través de vosotros, mas no de vosotros y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, mas no  vuestros pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis  albergar sus cuerpos mas no sus almas. Porque sus almas moran en la casa del mañana, que ni aun en sueños os es dado visitar.

Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no intentéis hacerlos como vosotros. Porque la vida no marcha hacia  atrás, ni se detiene en el ayer.

Vosotros sois el arco por medio del cual vuestros hijos son disparados como flechas vivas.

El arquero ve el blanco sobre el camino del infinito, y os dobla con toda su fuerza a fin de que sus flechas vayan veloces y lejos.

Que el hecho pues de estar doblados en manos del arquero sea para vuestra dicha, por que así como Él ama la flecha que dispara, ama también el arco que permanece firme; por eso vosotros tuvisteis la oportunidad de  vivir vuestra vida y la libertad de amar y hacer  tu vida.

Deja que tus hijos vuelen solos del nido cuando llegue la hora y no los reclames para que vuelvan, ellos te querrán por siempre y tendrán  también su nido del cual algún día ellos solos quedaran, pero fue su nido y su vida, déjalos libres, ámalos con libertad, no apagues el fuego de su hogar, vive y deja  vivir y ellos siempre te querrán.

 

GIBRÀN JALIL GIBRÀN

 

 

Los hijos se van

Hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay que asumir esa realidad.

No es que se van... es que la vida se los lleva.

Ya no eres su centro.

Ya no eres propietario, eres consejero.

No diriges, aceptas. No mandas, acompañas.

No proyectas, respetas.

Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas.

Ya les crecieron alas y quieren volar.

Ya les crecieron las raíces y maduraron por dentro.

Ya les pasó las borrascas de la adolescencia y tomaron el timón.

Ya miraron de frente la vida y sintieron el llamado, para vivirla por su cuenta.

 

Ya saben que son capaces de las mayores aventuras, y de la más completa realización. Ya buscarán un amor, que los respete, que quiera compartir sin temores ni angustias las altas y las bajas en el camino que les endulce el recorrido y los ayude en el fin que quieren conseguir.

Y si esa primera experiencia fue equivocada, tendrán la sabiduría y las fuerzas para soltarlas, así, otro amor les llegará para compartir sus vidas en armonía.

Ya no les caben las raíces en tu maceta, ni les basta tu abono para nutrirse, ni tu agua para saciarse, ni tu protección para vivir. Quieren crecer en otra dimensión, desarrollar su personalidad, enfrentar el viento de la vida, al sombro del amor y al rendimiento de sus facultades.

Tienen un camino y quieren explorarlo, lo importante es que sepan desandarlo, tienen alas y quieren abrirlas. Lo importante es el corazón sensible, la libertad asumida y la pasión a flor de piel.

Que la rienda sea con responsabilidad, y la formación, llena de luz.

Tú quedas adentro. En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón. Tu quedas atrás.

En la estela luminosa que deja el barco al partir.

En el beso que les mandas.

En el pañuelo que los despide.

En la oración que los sigue.

¡En la lágrima que los acompaña!

Tú quedas siempre en su interior aunque cambies de lugar.

 

 

Autor desconocido

 

 

 

 

¿Qué le enseñarías a tus hijos para el nuevo milenio?

 

Que aprendan que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quien tienen en sus vidas.

Que aprendan que no es bueno compararse con los demás porque siempre habrá  alguien mejor o peor que ellos.

Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame, lo que pueden  hacer es  dejarse amar.

Que aprendan que "rico" no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

Que aprendan que deben controlar sus actitudes o sus actitudes los controlarán.

Que aprendan que hay gente que los quiere mucho, pero que simplemente no saben cómo demostrarlo.

Que aprendan que los grandes sueños no requieren de grandes alas sino de un tren de aterrizaje para lograrlos.

Que aprendan que no siempre es suficiente ser perdonados por otros, algunas veces deben perdonarse a sí mismos.

Que aprendan que la felicidad no es cuestión de suerte sino producto de decisiones.

Que aprendan que  dos personas pueden mirar  una misma cosa y ver algo totalmente diferente.

Que aprendan que, al retener a la fuerza a las personas que aman,  las alejan más rápidamente de ellos y, al dejarlas ir, las tienen para siempre a su lado.

Que aprendan que amar y querer no son sinónimos sino antónimos: el quererlo exige todo, el amar lo entrega todo.

Que aprendan que toma años construir la confianza y sólo segundos destruirla.

 

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